Introducción

Aunque la pérdida erosiva de la superficie de los dientes ya se había definido como una afección diferente de la caries ya en el siglo XVIII, no se consideraba de gran importancia hasta la década del noventa en el siglo XX. En 1996, la Revista Europea de Ciencia Oral (European Journal of Oral Science) declaró que "la erosión dental es un área de investigación y práctica clínica que sin duda se expandirá en la próxima década".1 Sin embargo, muchos profesionales de la odontología hoy en día no pueden identificar correctamente los signos y síntomas. Teniendo en cuenta el aumento de la longevidad de los dientes a medida que los avances dentales han reducido la pérdida de dientes, el efecto dañino de la erosión dental (la pérdida crónica no bacteriana de los tejidos dentales) se está convirtiendo en un grave problema de salud pública.2 De hecho, la pérdida erosiva de la superficie de los dientes es muy frecuente en los países desarrollados, incluidos los Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña y Suecia. Los estudios sugieren una prevalencia del 6% al 50% en niños preescolares, del 24% al 100% en niños en edad escolar y del 82% en adultos de 18 a 88 años.3-8

El motivo de preocupación es que la pérdida erosiva de la superficie del diente puede ser patológica si los dientes están tan desgastados que su aspecto cambia o ya no pueden funcionar correctamente.9 Cuando los procesos reparadores naturales, como la remineralización ya no son suficientes para proteger el diente, las complicaciones pueden incluir dolorhipersensibilidad a la dentina, inflamación de la pulpa, necrosis y patología alrededor del ápice de la raíz del diente. También puede haber un mayor riesgo de trastornos temporomandibulares.2 A continuación se analizan los mecanismos físicos y químicos del desgaste dental , y los diversos factores que aumentan el riesgo de pérdida de la superficie dental.